Y de repente se acabó, no había nada, vacío, oscuridad inmensa, tristeza, soledad, y luego yo, pequeña e insignificante, rota, frágil, herida, muerta, y también estaba ella, vestida de negro, resplandeciente, llegó y cogió mi mano, y nos fuimos a dar juntas un paseo por la eternidad, alegres. Ella, hermosa, silenciosa, anhelante, ella, era la muerte.

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